Comentario teológico - cristológico / Abner M. Malca P.
I. Introducción
El tema de la naturaleza humana
de Cristo ha sido uno de los debates más intensos dentro de la cristología. ¿tuvo
Jesús carne santa o carne pecaminosa? Este dilema no es meramente especulativo, sino que
toca el corazón de la soteriología, la encarnación y la manera en que
comprendemos la victoria sobre el pecado.
Por un
lado, encontramos textos que parecen señalar que Cristo asumió una carne en
todo semejante a la nuestra, incluyendo las inclinaciones y propensiones
pecaminosas.
·
“Por cuanto los hijos participaron de carne y sangre,
él también participó de lo mismo” (Hebreos 2:14).
·
“Por lo cual debía ser en todo semejante a sus
hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote” (Hebreos
2:17).
·
“En semejanza de carne de pecado, y a causa del
pecado, condenó al pecado en la carne” (Romanos 8:3).
Sin
embargo, hay pasajes que subrayan que Cristo, aunque fue plenamente humano,
tuvo una santidad intrínseca que le permitió ser mediador de la raza
caída:
- “El ángel le respondió: El Espíritu Santo vendrá
sobre ti… por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado
Hijo de Dios” (Lucas 1:35).
¿Si Cristo tuvo una carne
diferente a la nuestra, realmente nos representa como Salvador y ejemplo? ¿Y si
asumió exactamente nuestra condición caída, cómo pudo permanecer sin pecado y
además ser nuestro sacrificio expiatorio?
II. Marco contextual:
A. La
cristología paulina y Juanica:
El Nuevo
Testamento afirma que Cristo participó de nuestra humanidad de manera real: “Por
cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo
mismo” (Heb 2:14). Pablo declara que Dios envió a su Hijo “en semejanza
de carne de pecado, y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne”
(Rom 8:3). La expresión “en semejanza” (ὁμοίωμα) señala una identidad genuina con la humanidad
caída, pero sin pecado propio.
Por otra
parte, Juan insiste en que “el Verbo fue hecho carne” (Jn 1:14) y que
negar esta encarnación real es negar al mismo Cristo (1 Jn 4:2–3). Sin embargo,
tanto en Pablo como en Juan, la humanidad de Cristo es siempre descrita como
“sin pecado” (2 Co 5:21; Heb 4:15).
La
expresión bíblica “carne de pecado” nunca describe el cuerpo físico en sí
mismo, sino la condición humana bajo el dominio del pecado (Rom 7:18). En este
sentido, hablar de “carne pecaminosa” como inclinación interna al mal no
corresponde a Cristo.
B. La
doctrina de la “carne santa” en el adventismo
A fines
del siglo XIX, especialmente en la Asociación de Indiana (1898–1901), surgió
dentro del adventismo el llamado movimiento de la Carne Santa. Inspirado
en corrientes de santidad norteamericanas, sostenía “… que cuando Cristo pasó por la
agonía del Getsemani obtuvo una carne santificada tal como la que poseía Adán
antes de su caída, y sostenía que los que siguen al Salvador también deben
adquirir ese mismo estado de impecabilidad física como preparación esencial
para la traslación”.
Sobre
esta base, enseñaban que los creyentes verdaderamente convertidos podían
experimentar lo mismo: una “carne santa” que ya no estaba sujeta a las
debilidades de la naturaleza caída. (EGW: 2MS 39.1, RAM 51.2). En su
teología, carne santa significaba:
- NO VULNERABLES AL PECADO: Ausencia
total de debilidad e inclinaciones al mal.
- IMPECABILIDAD: imposibilidad de
pecar, estar fuera del alcance de la tentación.
- SANTIFICACIÓN Y PERFECCIÓN INMEDIATA: En
el mismo momento de la conversión se alcanzaba un estado de impecabilidad
presente, como preparación inmediata para la traslación.
Este
perfeccionismo radical derivó en fanatismo religioso, con prácticas emocionales
y extremas, que fueron rechazadas de manera firme por la iglesia y condenadas
directamente por Elena G. de White como un error y una trampa de Satanás.
III. La santidad de la humanidad de Cristo
y la paradoja de su naturaleza caída
A. Su
humanidad llamada “santo ser”
El ángel
anunció a María: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti… por lo cual también lo
santo que nacerá será llamado Hijo de Dios” (Lc 1:35). Cristo, aunque
verdaderamente humano, fue santo desde su concepción. White afirma: “Estas
palabras no se refieren a ningún ser humano, excepto al Hijo del Dios Infinito.
Nunca, de ninguna manera, deje la más mínima impresión en las mentes humanas
de que una mancha o inclinación a la corrupción reposara sobre Cristo, o que Él
de alguna manera cedió a la corrupción. Fue tentado en todo como lo es el
hombre, y aun así, se le llama «ese Santo Ser». [Versículo 35.] Es un misterio
que permanece inexplicable para los mortales que Cristo pudo ser tentado en
todo como nosotros, y sin embargo, estar sin pecado. La encarnación de Cristo
siempre ha sido, y siempre seguirá siendo, un misterio”. 10LtMs, Lt 8,
1895, párr. 17.
Y ella
misma añade en otra cita: “La
humanidad de Cristo es llamada "esa cosa santa". El registro
inspirado dice de Cristo: "No cometió pecado", "no conoció
pecado" y "no había pecado en él". Era "santo, inocente,
sin mancha, apartado de los pecadores". Habitó entre los hombres. Este
testimonio acerca de Cristo muestra claramente que condenó el pecado en la
carne”.
ST 16 de enero de 1896, párrafo 7
Veamos de
manera exegética un desglose técnico de la cláusula griega de Lc 1:35: γεννώμενον
ἅγιον
κληθήσεται υἱὸς θεοῦ , esta cláusula se detalla así: [Sujeto]
τὸ γεννώμενον ἅγιον — [Verbo] κληθήσεται
— [Predicado nominativo] υἱὸς θεοῦ.
Y literalmente se traduciría así: “El (ser) que
está siendo engendrado, santo, será llamado Hijo de Dios”. Analicemos cada una de estas expresiones por
separado, tomando como referencia la estructura desarrollada por BIBLEHUB
en https://biblehub.com/text/luke/1-35.htm
:
|
N° STRONG |
GRIEGO |
INGLÉS / ESPAÑOL |
MORFOLOGÍA |
CATEGORÍA GRAMATICAL |
|
τὸ - to |
The / el |
ARTÍCULO |
||
|
Γεννώμενον - gennōmenon |
being born / que está siendo engendrado /que nacerá |
VERBO |
||
|
ἅγιον - hagion |
Holy [One] / un santo |
ADJETIVO |
||
|
Κληθήσεται - klēthēsetai |
will be called / será llamado |
VERBO |
||
|
Υἱὸς - Huios |
[the] Son / hijo |
SUSTANTIVO |
||
|
Θεοῦ. - Theou |
of God. / de Dios |
SUSTANTIVO |
1) γεννώμενον.
El (ser) que está siendo engendrado.
- Lexema / Strong: γεννάω / (G1080).
- Morfología: participio presente
medio/pasivo, nominativo-neutro-singular; funciona como
sustantivo (“lo que está siendo engendrado / el nacido”). En Lc 1:35 lleva
el artículo tácito/expreso en los testigos textuales (τὸ
γεννώμενον) y es el sujeto de κληθήσεται. (Bible Hub)
- Sentido léxico: “engendrar / dar a
luz / nacer” (también “concebir”, de padre o madre; en sentido figurado
“regenerar”). (Blue
Letter Bible)
- Aporte semántico: el
presente del participio subraya el proceso de
engendramiento/nacimiento anunciado; el neutro sustantivado
concuerda con el uso griego de referirse al infante/lo recién engendrado
con género neutro (cf. uso de παιδίον).
2) ἅγιον. Santo.
- Lexema / Strong: ἅγιος
(G40).
- Morfología: adjetivo
nominativo-neutro-singular que concuerda con γεννώμενον; posición
atributiva (“lo santo que está siendo engendrado”). (Bible Hub)
- Sentido léxico: “santo, consagrado;
cosa santísima / santo”. (Frecuencia mayoritaria como “holy/saint”). (Blue
Letter Bible)
- Aporte semántico:
califica la naturaleza del sujeto desde su origen (“lo que se
engendra es santo”). El NET señala dos lecturas sintácticas posibles: (a)
participio sustantivado + adjetivo en segunda posición predicativa; o (b)
un solo sintagma “el santo que se engendra”. Ambas rinden “el santo
que nacerá / el santo ser que ha de nacer”. (BibleGateway).
3) κληθήσεται
- Lexema / Strong: καλέω (G2564).
- Morfología: futuro pasivo
indicativo 3ª singular: “será llamado / será nombrado”. (Blue Letter
Bible)
- Sentido léxico-sintáctico:
Thayer anota el uso pasivo de καλέω con predicado en nominativo
para indicar nombre o título (“llevar un nombre/título”), y cita Lc
1:35 como ejemplo. (sermonindex.net)
- Matiz teológico-gramatical: el
pasivo puede entenderse como pasivo divino (Dios es quien
“lo llama”), común en el NT, como también que será reconocido por la
humanidad de esa manera.
4) υἱὸς
- Lexema / Strong: υἱός (G5207).
- Morfología: nominativo-masculino-singular;
es el predicado nominativo después del pasivo κληθήσεται: “será
llamado Hijo…”. (Bible Hub)
- Sentido léxico: “hijo”, literal o
figurado; también con valor titular (“hijo de…”). (Blue Letter Bible)
- Observación: la construcción con
καλέω + nominativo marca un título designativo (“será llamado
Hijo…”), no solo una descripción.
5) θεοῦ
- Lema / Strong: θεός (G2316).
- Morfología: genitivo-masculino-singular;
complementa a υἱός formando el grupo υἱὸς
θεοῦ. (Bible Hub)
- Sentido léxico: “Dios” (la Deidad
suprema). (Blue
Letter Bible)
- Valor del genitivo: genitivo
de relación/parentesco (“Hijo de Dios”), categoría gramatical
común en expresiones de filiación (ej., “hijo de…”).
📖 Aporte semántico y teológico de Lc 1:35
La
cláusula “τὸ γεννώμενον ἅγιον κληθήσεται υἱὸς θεοῦ” —“El que está siendo engendrado, santo, será llamado
Hijo de Dios”— contiene una densidad semántica y teológica que revela la
santidad de Cristo en su humanidad desde el origen, en su cualidad esencial y
en su misión.
a).
Santidad desde el origen (γεννώμενον + ἅγιον)
- El participio γεννώμενον (“lo que está siendo
engendrado / lo que nacerá”) en neutro sustantivado se refiere al proceso
mismo de la concepción y nacimiento. En griego, la forma neutra es típica
para referirse al infante concebido (cf. παιδίον).
- El adjetivo ἅγιον (“santo”) funciona en posición atributiva,
calificando directamente al ser engendrado: “el santo que será engendrado”.
- Esta construcción no describe algo añadido
después del nacimiento, sino un estado de santidad intrínseco desde la
concepción. En otras palabras: el niño no llega a ser santo por un proceso
de obediencia perfecta, sino que es santo en el acto mismo de ser
concebido. La inspiración confirma: “El nació sin la menor mancha
de pecado,
pero vino a este mundo en la misma manera en que lo hace la familia
humana...”
EJ 339.2
Aporte teológico: La humanidad de Cristo es declarada santa por el obrar
del Espíritu Santo en la encarnación. participio γεννώμενον apunta a:
- Origen: su humanidad surge de un nacimiento real (no
aparente), pero mediado por el Espíritu Santo.
- Cualidad: lo engendrado, desde su concepción, es “santo”
(ἅγιον). No se trata solo de que nazca humano, sino
de que el acto mismo de su concepción lo constituye como el Santo Hijo de
Dios. “no engendrado por voluntad de carne ni de varón” sino de Dios. La inspiración
dice “Su
naturaleza [de Cristo] humana era creada”. 3MS 145.4.
b).
Santidad como cualidad permanente
- El adjetivo ἅγιον en este contexto no indica solo separación
ritual, sino cualidad moral y espiritual: “puro, apartado, consagrado”
- Según el testimonio inspirado: “Nunca, de
ninguna manera, deje la más mínima impresión… de que una mancha o
inclinación a la corrupción reposara sobre Cristo” (10LtMs, Lt 8,
1895). Esto confirma que la santidad atribuida en Lc 1:35 no es solo
posicional, sino de cualidad intrínseca.
- Cristo, aun en la experiencia de tentación,
mantuvo esa santidad intacta: “Fue tentado en todo como lo es el
hombre, y aun así, se le llama ese Santo Ser” (10LtMs, Lt 8, 1895,
párr. 16).
- La santidad de Cristo no lo exime de la tentación
(Heb 4:15), pero garantiza que, aun compartiendo nuestra humanidad caída,
su ser integral estuvo libre de inclinaciones corruptas. Es decir, su
santidad es tanto ontológica (desde su ser) como ética (en su vida).
- Esa humanidad que tuvo en la tierra llevó al
cielo y lo mantendrá por la eternidad. EGW. Declara: Cristo ascendió al cielo con una humanidad santificada y santa. Llevó esa humanidad consigo a los atrios celestiales y la tendrá
a través de los siglos eternos, como Aquel que ha redimido a cada ser
humano en la ciudad de Dios, Aquel que ha rogado ante el Padre: “Los tengo
esculpidos en las palmas de mis manos”. Las palmas de sus manos llevan las
marcas de las heridas que recibió. Si somos heridos y magullados, si
hacemos frente a dificultades difíciles de sobrellevar, recordemos cuánto
sufrió Cristo por nosotros... ELC 15.5
c).
Santidad en relación con su misión
- El verbo κληθήσεται (“será llamado”) no es un
mero apodo, sino una designación oficial: el título “Hijo de Dios”.
- En griego, el pasivo futuro puede interpretarse
como pasivo divino: Dios mismo es quien lo nombra “Hijo”. Así, su
identidad santa está ligada inseparablemente a su misión mesiánica y
redentora.
- Inspiración lo confirma: “La humanidad de
Cristo es llamada esa cosa santa. El registro inspirado dice… ‘no conoció
pecado’… Este testimonio acerca de Cristo muestra claramente que condenó
el pecado en la carne” (ST, 16 de enero de 1896).
- Su misión redentora solo es posible porque desde
su concepción fue un “Santo Ser”, capaz de ofrecerse como sacrificio
expiatorio sin mancha (Heb 7:26-27).
- La santidad de su nacimiento no fue un fin en sí
mismo, sino la base necesaria para su misión como Salvador. Su encarnación
tenía que producir un ser plenamente humano, pero absolutamente santo,
para ser nuestro sustituto y ejemplo.
En
conclusión, Lc 1:35 enseña que la humanidad de Cristo fue santa
por origen, por cualidad intrínseca y en vistas a su misión redentora. Cristo
tomó nuestra humanidad caída, pero desde el inicio fue preservado como el Santo
Ser, apto para ser Salvador y Redentor.
“El
Señor Jesús asumió la forma del hombre pecador, y revistió su divinidad con
humanidad. Pero era santo, tal como Dios es santo. Si no hubiera sido
sin mancha de pecado, no podría haber sido el Salvador de la humanidad. Era el
Portador del pecado; no necesitaba expiación. Puesto que era uno con Dios en
pureza y santidad de carácter, podía presentarse como propiciación por los pecados
de todo el mundo”. CDCD 355.2
B.
Humanidad caída, pero sin pecado.
Ellen
White también declara:
Vestido
con las vestiduras de la humanidad, el Hijo de Dios descendió al nivel de
aquellos a quienes deseaba salvar. En
Él no había engaño ni pecaminosidad; Él
siempre fue puro e inmaculado; sin
embargo, tomó sobre sí nuestra naturaleza pecaminosa. Vistiendo su divinidad con humanidad para
poder asociarse con la humanidad caída, procuró redimir para la humanidad lo
que por la desobediencia Adán había perdido, para sí mismo y para el mundo. FH 38.2
…Y
a fin de elevar al hombre caído, Cristo debía alcanzarlo donde estaba. El
tomó la naturaleza humana y llevó las debilidades y la degeneración del hombre.
El que no conoció pecado, llegó a ser pecado por nosotros. Se humilló a sí
mismo hasta las profundidades más hondas del infortunio humano a fin de poder
estar calificado para llegar hasta el
hombre y elevarlo de la degradación en que el pecado lo había sumergido. 1MS
314.2
“Cristo
dice, mis ovejas oyen mi voz, y se apartan de las sendas del pecado. Como
Cristo trabajó, debe hacerlo usted: con ternura y amor trate de guiar a los que
yerran a la senda correcta. Esto requerirá gran paciencia y tolerancia, como
también una manifestación constante del amor perdonador de Cristo. Debe
revelarse diariamente la compasión del Salvador. Debe seguirse el ejemplo que
él dejó. Él tomó sobre su naturaleza
sin pecado nuestra naturaleza pecaminosa, para saber cómo socorrer a los que
son tentados”. MM 237.3
Pensemos
en la humillación de Cristo. Tomó sobre sí la naturaleza humana caída y
sufriente, degradada y contaminada por el pecado. Cargó con nuestras penas,
soportando nuestro dolor y vergüenza. Soportó todas las tentaciones que asedian
al hombre. Unió la humanidad con la divinidad: un espíritu divino habitó en un
templo de carne. Se unió al templo. «El Verbo se hizo carne y habitó entre
nosotros», porque así pudo asociarse con los pecadores y afligidos hijos e
hijas de Adán.
El
Instructor de la Juventud, 20 de diciembre de 1900
Las citas
de Elena de White muestran dos líneas complementarias que debemos leer en
armonía:
- Cristo fue un “Santo Ser” desde su
concepción (Lc 1:35), sin mancha ni inclinación a la corrupción.
- Cristo tomó sobre sí nuestra naturaleza
pecaminosa (FH 38.2; MM 237.3), es decir, se encarnó en la misma
condición de humanidad caída que compartimos los hombres después de la
caída.
1. Lo que
significa “naturaleza pecaminosa” en los escritos de EGW.
Cuando
Elena White usa esta expresión, no la aplica a la inclinación interior al mal
ni a propensiones pecaminosas en Cristo, sino a las condiciones de la
humanidad después de la caída.
- Mortalidad y limitaciones físicas
- Cristo
participó de la condición mortal y vulnerable del ser humano después de
la caída.
- “Era
semejante a sus hermanos en todo. Fue hecho carne, igual que nosotros. Le
daba hambre y sed y se cansaba. Se sostenía comiendo y se refrescaba
durmiendo.” (8TPI 301.4).
- No
tuvo un cuerpo inmortal como Adán antes de la caída, sino uno sujeto al
cansancio, enfermedad, dolor y muerte.
- Debilidad
heredada y degeneración de la raza
·
Cristo asumió las fragilidades acumuladas por la
humanidad en su historia de pecado.
·
“Él tomó la naturaleza humana y llevó las debilidades
y la degeneración del hombre.” (1MS 314.2).
·
Esto no significaba corrupción moral, sino desgaste
físico, vulnerabilidad psicológica y sensibilidad emocional intensificada.
- Necesidades
afectivas y emocionales
- Jesús
no solo tuvo un cuerpo humano, sino también un corazón humano con las
mismas necesidades de compañía, afecto y comprensión.
- “Cristo
manifestaba su anhelo de humana simpatía y, alejándose de ellos, cayó
sobre una roca y alzando sus ojos, oró, diciendo: ‘Padre mío, si es
posible, pase de mí este vaso; empero no como yo quiero, sino como tú’.”
(CT 268.3).
- “En
la suprema agonía de su alma, vino a sus discípulos con un anhelante
deseo de estar en compañía del afecto humano. Pero se desilusionó; ellos
no le brindarían el esperado socorro…” (CT 268.4).
- “El
corazón humano anhela simpatía en el sufrimiento. Este anhelo lo sintió
Cristo en las profundidades de su ser.” (DTG 639.1).
- Esto
muestra que su “naturaleza pecaminosa” incluía no solo debilidades
físicas, sino también la vulnerabilidad emocional que forma parte de la
humanidad caída: el dolor de la soledad, la necesidad de apoyo y la
angustia de ser incomprendido.
- Exposición
real a la tentación
·
Al vestirse de nuestra humanidad, Cristo se hizo
susceptible a ser tentado y probado, aunque nunca cedió al pecado.
·
“Él tomó sobre su naturaleza sin pecado nuestra
naturaleza pecaminosa, para saber cómo socorrer a los que son tentados.” (MM
237.3).
·
“Cristo tomó nuestra naturaleza, caída pero no
corrompida, y no se corrompería a menos que recibiera las palabras de Satanás
en lugar de las palabras de Dios.” (16MR 182.3).
·
La tentación fue auténtica porque Cristo podía elegir;
sin embargo, su voluntad permaneció siempre alineada con la del Padre.
- Sensibilidad
intensificada al dolor y la ignominia
- Debido
a su pureza, Jesús experimentaba más intensamente las pruebas que los
hombres comunes.
- “Cristo
no era insensible a la ignominia y la desgracia. Experimentó todo
amargamente. Lo sintió más profunda y agudamente que lo que nosotros
podemos sentir el sufrimiento, porque su naturaleza era más exaltada,
pura y santa que la de la humanidad pecadora por quien sufría.”
(AFC64 341.4).
- Condición
de peregrino en un mundo caído
- Cristo
compartió plenamente la vida en un mundo de pecado: pobreza, rechazo,
sufrimiento social y las cargas comunes de la humanidad.
- “Fue
un peregrino y advenedizo en la tierra, estaba en el mundo, pero no era
del mundo; tentado y probado como los hombres y mujeres son tentados y
probados, pero viviendo una vida libre de pecado.”
(8TPI 301.4).
2. Lo que
no significa “naturaleza pecaminosa” en Cristo:
EGW es
clara en poner límites a este concepto:
- “En Él no había engaño ni pecaminosidad; Él
siempre fue puro e inmaculado” (FH 38.2).
- “Nunca, de ninguna manera, deje la más mínima
impresión… de que una mancha o inclinación a la corrupción reposara sobre
Cristo” (10LtMs, Lt 8, 1895).
- “No debería haber el más mínimo recelo con
respecto a la perfecta libertad del pecado en la naturaleza humana de
Cristo” (16MR 117.1).
- “Al
tomar sobre sí la naturaleza del hombre en su condición caída, Cristo no
participó de su pecado en lo más mínimo. Estuvo sujeto a las
flaquezas y debilidades que rodean al hombre, “para que se cumpliese lo
dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras
enfermedades y llevó nuestras dolencias”. Mateo 8:17. Fue conmovido por el
sentimiento de nuestras debilidades y fue en todo tentado a nuestra
semejanza. Y, sin embargo, no conoció pecado. Fue el Cordero “sin mancha y
sin contaminación”.
1 Pedro 1:19. 1MS 299.3
👉 Por lo tanto, Cristo no heredó una inclinación
interna al pecado (propensiones o tendencias corruptas). Su naturaleza
humana fue caída, pero su carácter y voluntad estuvieron íntegramente libres de
mancha.
3. La
paradoja resuelta: humanidad caída pero santa
Aquí está
el equilibrio:
- Humanidad caída: Cristo compartió las
debilidades físicas, emocionales y limitaciones de la raza humana después
de la caída (degeneración, mortalidad, sufrimiento).
- Humanidad santa: por su origen santo
(Lc 1:35), por la unión hipostática con la divinidad, y por su carácter
impecable, su ser fue íntegramente santo, sin mancha, inclinación ni
corrupción.
Elena
White lo sintetiza así:
- “Él debía tomar su posición a la cabeza de la
humanidad tomando la naturaleza, pero no la pecaminosidad del hombre”
(ST, 29 de mayo de 1901).
4.
Implicaciones teológicas
- Si Cristo no hubiese tomado la humanidad caída, no
podría haberse identificado con nosotros ni “alcanzarnos donde estábamos”
(1MS 314.2).
- Si Cristo hubiera tenido inclinaciones
pecaminosas, no podría haber sido nuestro sacrificio
expiatorio, porque habría necesitado un Salvador para sí mismo.
- Así, su encarnación garantiza dos cosas:
- Capacidad de socorrer a
los tentados (Heb 2:17–18).
- Idoneidad como sacrificio expiatorio
sin mancha (Heb 7:26–27).
·
Errores doctrinales a evitar
1.
La tesis de la carne pecaminosa: Afirmar
que Cristo tuvo inclinaciones al mal lo inhabilita como sacrificio expiatorio. La
“carne pecaminosa” en la inspiración no es reducida a simplemente humanidad; es
más bien la designación que se hace de la corrupción moral que sujeta a la
humanidad al pecado. Esto no se puede por tanto aplicar a la humanidad de
Cristo. En este extremo él no podría haber desarrollado justicia por su
obediencia, y su sacrificio no hubiese tenido valor para la salvación de toda
la raza. ¿Qué le impedía a Adán expiar
su propio pecado? La inspiración responde: “El hombre
no podía expiar la culpa del hombre. Su condición pecaminosa y caída hacían de
él una ofrenda imperfecta, un sacrificio expiatorio de menor valor que Adán
antes de su caída. Dios hizo al hombre perfecto y recto, y después de
su transgresión no podía haber un sacrificio expiatorio aceptable a Dios en su
favor, a menos que la ofrenda hecha fuera de un valor superior al del hombre en
su estado de perfección e inocencia”. (The Spirit of Prophecy, t. 2, pp. 9, 10;
ed. 1877) Por tanto una humanidad tal en Cristo lo inhabilita como sacrificio
expiatorio.
2.
La tesis de la carne santa: La
inspiración no está limitada por los extremos de las doctrinas erradas de los
hombres. Por ello si bien condenó la doctrina de la carne santa también afirmó que
la humanidad de Cristo era Santa. La carne santa es un extremo en el que Jesús
no podría ser tentado, no sería vulnerable a la tentación, y no podría morir. Decir
que era incapaz de pecar elimina la realidad de su tentación, la importancia de
su victoria volviendo su obediencia irrelevante como ejemplo.
5.
Conclusión
La
pregunta inicial —¿Cristo tuvo carne pecaminosa o carne santa?— no puede
responderse desde categorías reduccionistas. La Biblia y el Espíritu de
Profecía enseñan que Cristo asumió nuestra humanidad caída, con todas sus
debilidades, pero sin inclinaciones pecaminosas. Fue santo desde su concepción,
susceptible a la tentación, y, sin embargo, victorioso sobre el pecado. Este
equilibrio preserva tanto la realidad de la encarnación como la perfección de
su sacrificio. Negar cualquiera de estos elementos sería caer en una aberración
doctrinal.
📚 Referencias:
Biblia
- Biblia Reina-Valera 1960 (RVR60). Sociedades
Bíblicas Unidas.
- BibleHub. “Interlinear Text: Luke 1:35.” https://biblehub.com/text/luke/1-35.htm
- Blue Letter Bible. Lexicon Entries for γεννάω
(G1080), ἅγιος (G40), καλέω (G2564), υἱός
(G5207), θεός (G2316). https://www.blueletterbible.org
Ellen G.
White
- Mensajes Selectos Vol. 2 (2MS),
p. 39.1.
- Reavivamientos Modernos
(RAM), p. 51.2.
- Letters and Manuscripts, vol. 10
(10LtMs, Lt 8, 1895), párrs. 15–17.
- Signs of the Times
(ST), 16 de enero de 1896, párr. 7.
- Faith and Hope (FH), p. 38.2.
- Manuscript Releases, vol. 16
(16MR), p. 117.1.
- Mensajes Selectos, vol. 1
(1MS), pp. 299.3, 314.2.
- Ministerio Médico
(MM), p. 237.3.
- The Ministry of Healing
(MH), pp. 326–330.
- Reflejemos a Jesús
(RJ), 31.6–31.7.
- Signs of the Times
(ST), 29 de mayo de 1901, párr. 11.
- A Fin de Conocerle
(AFC64), p. 341.4.
- Cada Día Con Dios
(CDCD), p. 355.2.
- En Lugares Celestiales
(ELC), p. 15.5.
- Testimonios para la Iglesia, t. 8
(8TPI), p. 301.4.
- Mensajes Selectos, vol. 3
(3MS), p. 145.4.
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