CUANDO QUERER NO ES PODER: EL MISTERIO DE LA VOLUNTAD.


 


 Comentario teológico - Antropología Bíblica / Abner M. Malca P.

 𝟏. 𝐃𝐞𝐟𝐢𝐧𝐢𝐜𝐢ó𝐧 𝐛í𝐛𝐥𝐢𝐜𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐢𝐛𝐫𝐞 𝐚𝐥𝐛𝐞𝐝𝐫í𝐨, 𝐯𝐨𝐥𝐮𝐧𝐭𝐚𝐝 𝐲 𝐥𝐢𝐛𝐞𝐫𝐭𝐚𝐝”

𝑳𝑰𝑩𝑹𝑬 𝑨𝑳𝑩𝑬𝑫𝑹Í𝑶: (Posibilidad de escoger entre dos caminos) Potestad otorgada por Dios al ser humano para elegir entre el bien y el mal (Deut. 30:19; Jos. 24:15). El libre albedrío es la posibilidad que tenemos de escoger entre una u otra opción en el sentido moral. Es un don creador que hace al hombre un ser moral responsable debido a las facultades superiores con que cuenta.  

𝑽𝑶𝑳𝑼𝑵𝑻𝑨𝑫: (Facultad estructural) Es el poder interno de decisión, el centro de la autodeterminación (Fil. 2:13). Representa el “trono” del ser humano donde se decide a quién servir (Rom. 6:16). EGW la define:📚 “𝘓𝘢 𝘷𝘰𝘭𝘶𝘯𝘵𝘢𝘥 𝘦𝘴 𝘦𝘭 𝘱𝘰𝘥𝘦𝘳 𝘨𝘰𝘣𝘦𝘳𝘯𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘯𝘢𝘵𝘶𝘳𝘢𝘭𝘦𝘻𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘩𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦. 𝘚𝘪 𝘭𝘢 𝘷𝘰𝘭𝘶𝘯𝘵𝘢𝘥 𝘦𝘴𝘵á 𝘥𝘪𝘴𝘱𝘶𝘦𝘴𝘵𝘢, 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘦𝘭 𝘳𝘦𝘴𝘵𝘰 𝘥𝘦𝘭 𝘴𝘦𝘳 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘳á 𝘣𝘢𝘫𝘰 𝘴𝘶 𝘮𝘢𝘯𝘥𝘰. 𝘓𝘢 𝘷𝘰𝘭𝘶𝘯𝘵𝘢𝘥 𝘯𝘰 𝘦𝘴 𝘦𝘭 𝘨𝘶𝘴𝘵𝘰 𝘰 𝘭𝘢 𝘪𝘯𝘤𝘭𝘪𝘯𝘢𝘤𝘪ó𝘯, 𝘴𝘪𝘯𝘰 𝘭𝘢 𝘦𝘭𝘦𝘤𝘤𝘪ó𝘯, 𝘦𝘭 𝘱𝘰𝘥𝘦𝘳 𝘥𝘦 𝘥𝘦𝘤𝘪𝘥𝘪𝘳, 𝘦𝘭 𝘱𝘰𝘥𝘦𝘳 𝘳𝘦𝘢𝘭 𝘲𝘶𝘦 𝘰𝘣𝘳𝘢 𝘦𝘯 𝘭𝘰𝘴 𝘩𝘪𝘫𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘩𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦𝘴 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘰𝘣𝘦𝘥𝘦𝘤𝘦𝘳 𝘢 𝘋𝘪𝘰𝘴 𝘰 𝘥𝘦𝘴𝘰𝘣𝘦𝘥𝘦𝘤𝘦𝘳𝘭𝘦". (Te 100.4) La inspiración precisa además que todas las acciones derivan de la voluntad. 

𝑳𝑰𝑩𝑬𝑹𝑻𝑨𝑫: Libertad es la capacidad dada por Dios al ser humano de elegir voluntariamente entre el bien y el mal, para amar y obedecerle en forma consciente y responsable, en conformidad con su ley de amor. Está relacionada la voluntad y el libre albedrío, pero la libertad tiene que ver con el ejercicio concreto de esas facultades sin coacción externa. No es autonomía absoluta, sino capacidad de vivir en la esfera para la cual fuimos creados: la obediencia a Dios (Jn. 8:32, 36; Sant. 1:25). Tiene dos niveles: 


✅️Ontológico: el hombre siempre es libre en cuanto a capacidad de elección.  


✅️Moral: La libertad tiene que ver con el conocimiento de la verdad, el hombre caído está “esclavo del pecado” (Jn. 8:34), y vive en oscuridad y solo en Cristo puede tener luz y experimentar la verdadera libertad espiritual (Jn. 8:36). 


2. 𝑳𝒂 𝒗𝒐𝒍𝒖𝒏𝒕𝒂𝒅 𝒆𝒏 𝒍𝒂 𝒄𝒐𝒏𝒅𝒊𝒄𝒊ó𝒏 𝒄𝒂í𝒅𝒂:


📚"Pero debes recordar que tu voluntad es la fuente de todas tus acciones. Esta voluntad, que constituye un factor tan importante en el carácter del hombre, fue puesta, en ocasión de la caída, bajo el dominio de Satanás; y desde entonces él ha estado obrando en el hombre el querer y hacer su beneplácito, pero para la completa miseria y ruina del ser humano…” MJ 106.2 


𝑫𝒆𝒇𝒐𝒓𝒎𝒂𝒄𝒊ó𝒏 𝒎𝒐𝒓𝒂𝒍: el pecado separó al hombre de Dios. Privado de vida espiritual y estando en enemistad con Dios, el corazón humano tiende hacia el egoísmo y la rebelión (Jer. 17:9). La naturaleza pecaminosa condiciona la acción de nuestras facultades, y esta elige el mal naturalmente. Cada acción equivocada la debilita más hasta que puede llegar a rechazar por completo la salvación . 


𝑷𝒂𝒓𝒂𝒅𝒐𝒋𝒂 𝒃í𝒃𝒍𝒊𝒄𝒂 : aun en el creyente, querer el bien pero no poder realizarlo es una paradoja que se experimenta (Rom. 7:18–19). Esto es llamado en las escrituras como esclavitud espiritual. Jesús afirmó: “todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” (Jn. 8:34). Esto implica:  


1️⃣No es ausencia de voluntad, sino corrupción de la voluntad: El hombre sigue teniendo la facultad de elegir, pero su voluntad está sesgada hacia la autosuficiencia y la rebelión.  


2️⃣Esclavitud relacional, no ontológica: El ser humano no deja de ser libre por naturaleza creada, pero moralmente está “atado” a un amo: el pecado (Ro. 6:16). Cristo mismo ofrece el contraste: el que le entrega su voluntad, pasa de ser esclavo del pecado a siervo de la justicia. 


3️⃣El libre albedrío sigue activo, pero es impotente para liberarse por sí mismo. Pero es por este don que el hombre puede responder a la gracia de Dios (Jn. 6:44; Ap. 3:20). Pero sin la intervención del Espíritu, su libertad práctica siempre lo conducirá a la esclavitud del pecado. 


𝑹𝒆𝒔𝒑𝒐𝒏𝒔𝒂𝒃𝒊𝒍𝒊𝒅𝒂𝒅 𝒗𝒊𝒈𝒆𝒏𝒕𝒆: aunque heridos por el pecado, los seres humanos siguen siendo responsables de sus decisiones (Rom. 1:20). 


📚“Todo ser humano que razone tiene la facultad de escoger lo recto”. En toda vicisitud de la vida la Palabra de Dios nos dice: “Escogeos hoy a quién sirváis”.[1] Todos pueden poner su voluntad de parte de la de Dios, escoger obedecerle y así, al relacionarse con los instrumentos divinos, mantenerse donde nada pueda forzarlos a hacer mal”. ED98 289.1 


📚“Todo depende de la correcta acción de la voluntad. Dios ha dado a los hombres el poder de elegir; depende de ellos el ejercerlo. Tú no puedes cambiar tu corazón, ni por ti mismo dar sus afectos a Dios; pero puedes elegir servirle. Puedes darle tu voluntad; entonces él obrará en ti tanto el querer como el hacer de acuerdo con su voluntad. De ese modo tu naturaleza entera estará bajo el dominio del Espíritu de Cristo; tus afectos se centrarán en él y tus pensamientos se pondrán en armonía con él”. CC 47.1 


📚Jesús no empleó ningún medio milagroso para obligar a los hombres a creer en él. Se les dejó elegirlo o rechazarlo, por su propia voluntad. Ningún poder directo debía obligarlos a obedecer y destruir el libre albedrío que Dios le había dado al hombre. 2SP 241.2 


3. 𝑰𝒎𝒑𝒍𝒊𝒄𝒂𝒄𝒊𝒐𝒏𝒆𝒔 𝒕𝒆𝒐𝒍ó𝒈𝒊𝒄𝒂𝒔:


a) Para la salvación: 


✔️📝📖La salvación no es alcanzada por la fuerza de la voluntad humana, Pero mediante ella, la gracia divina nos alcanza (Efe. 2:8–9). 📚“La sabiduría infinita pone ante el hombre la distinción entre el bien y el mal, entre el pecado y la santidad; pero el gobierno de Dios es un gobierno de libre albedrío, y no hay acto de rebelión u obediencia que no sea un acto de libre albedrío. 11LtMs, Ms 79, 1896, párr. 6.📚 “Nos invita a entregarnos a él con el propósito de poder obrar su voluntad en nosotros. A nosotros nos toca elegir si queremos ser libres de la esclavitud del pecado para participar de la libertad gloriosa de los hijos de Dios”. CC 42.4 


✔️📝📖La voluntad es llamada a responder a la obra del Espíritu: “Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer” (Fil. 2:13).📚 “El Señor Jesús vino a nuestro mundo lleno de misericordia, vida y luz, listo para salvar a quienes vinieran a él. Pero no puede salvar a nadie contra su voluntad. Dios no fuerza la conciencia; no tortura el cuerpo para obligar a los hombres a cumplir su ley… Le dará al pecador evidencia suficiente para convencer su conciencia, y luego, si, por su propia voluntad, cede a la invitación victoriosa de Jesús, recibirá el Espíritu de Dios”. YI 17 de agosto de 1893, párr. 2. 


b) Para la gracia: 


✔️📝📖La gracia no anula la voluntad, sino que la despierta, la sana y la fortalece. 


✔️📝📖El libre albedrío en la salvación es sinergia: cooperación entre la voluntad humana y la gracia divina (Jos. 24:15 unido a Fil. 2:12–13). 📚“Todos los poderes de vuestro ser necesitan ser llamados a un esfuerzo ferviente para la salvación de vuestra alma. Al confiar en Cristo, estás cumpliendo Su propósito para ti. Ya no eres una ley para ti mismo. Pero no se ejerce ninguna violencia contra su voluntad y su libertad de acción. La mente queda bajo la autoridad de una nueva ley. Pero es la ley real de la libertad. Todo el ser está entregado a Dios. El corazón es transformado por el poder del Espíritu”. 17LtMs, Lt 174, 1902, párr. 31 


c) Para la misión y la ética: 


✔️📝📖Cada elección es un acto de mayordomía de la vida. 


✔️📝📖La libertad cristiana no es libertinaje, sino servicio en amor (Gál. 5:13). 📚“La única condición bajo la cual es posible la libertad del hombre, es que éste llegue a ser uno con Cristo. “La verdad os libertará;” y Cristo es la verdad. El pecado puede triunfar solamente debilitando la mente y destruyendo la libertad del alma. La sujeción a Dios significa la rehabilitación de uno mismo, de la verdadera gloria y dignidad del hombre. La ley divina, a la cual somos inducidos a sujetarnos, es “la ley de libertad.”[9] DTG 432.1 


✔️📖📝La restauración de la voluntad en Cristo 


📚“…Pero el infinito sacrificio de Dios al dar a Jesús su amado Hijo, para que fuese sacrificado por el pecado, le permite decir, sin violar ningún principio de su gobierno: “Entrégate a mí; dame tu voluntad; sustráela del dominio de Satanás y yo tomaré posesión de ella; entonces podré obrar en ti el querer y el hacer según mi voluntad”. MJ 106.3. 


✔️📝📖Encarnación de Cristo: el “segundo Adán” venció donde el primero cayó, demostrando la posibilidad de una voluntad humana sujeta al Padre (Jn. 4:34; Heb. 10:7). 


✔️📝📖Obra del Espíritu Santo: despierta las facultades dormidas y planta un principio nuevo: el amor divino en el corazón (Rom. 5:5). 


✔️📝📖Nuevo nacimiento: la voluntad es regenerada (Jn. 3:5–7), capacitada para resistir al pecado y decir “sí” a Dios. 


✔️📝📖Santificación: cooperación dinámica entre voluntad humana y gracia divina, forjando un carácter semejante al de Cristo (Fil. 2:12–13). 


✔️📝📖Glorificación final: la voluntad alcanzará su plenitud perfecta cuando ya no exista la posibilidad de rebelión (Apoc. 22:3–5). 


📚No desea Dios que se anule nuestra voluntad, porque solamente mediante su ejercicio podemos hacer lo que Dios quiere. Debemos entregar nuestra voluntad a él para que podamos recibirla de vuelta purificada y refinada, y tan unida en simpatía con el Ser divino que él pueda derramar por nuestro medio los raudales de su amor y su poder. DMJ 56.1 


 𝑪𝒐𝒏𝒄𝒍𝒖𝒔𝒊ó𝒏:


📚“Todo aquel que rehusa entregarse a Dios está bajo el dominio de otro poder. No es su propio dueño. Puede hablar de libertad, pero está en la más abyecta esclavitud. No le es dado ver la belleza de la verdad, porque su mente está bajo el dominio de Satanás. Mientras se lisonjea de estar siguiendo los dictados de su propio juicio, obedece la voluntad del príncipe de las tinieblas. Cristo vino a romper las cadenas de la esclavitud del pecado para el alma. “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.” “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús—se nos dice—me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.”[8] 

En la obra de la redención no hay compulsión. No se emplea ninguna fuerza exterior. Bajo la influencia del Espíritu de Dios, el hombre está libre para elegir a quien ha de servir. En el cambio que se produce cuando el alma se entrega a Cristo, hay la más completa sensación de libertad. La expulsión del pecado es obra del alma misma. Por cierto, no tenemos poder para librarnos a nosotros mismos del dominio de Satanás; pero cuando deseamos ser libertados del pecado, y en nuestra gran necesidad clamamos por un poder exterior y superior a nosotros, las facultades del alma quedan dotadas de la fuerza divina del Espíritu Santo y obedecen los dictados de la voluntad, en cumplimiento de la voluntad de Dios. DTG 431.3 – DTG 431.4

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