𝑪𝒐𝒎𝒆𝒏𝒕𝒂𝒓𝒊𝒐 𝑻𝒆𝒐𝒍ó𝒈𝒊𝒄𝒐 – 𝑨𝒏𝒕𝒓𝒐𝒑𝒐𝒍𝒐𝒈í𝒂 𝑩í𝒃𝒍𝒊𝒄𝒂 / Abner M. Malca P.
𝟭. 𝗜𝗻𝘁𝗿𝗼𝗱𝘂𝗰𝗰𝗶ó𝗻: 𝗘𝗹 𝗲𝗰𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝘀𝗲𝗿𝗽𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲
Desde el principio, la
estrategia de Satanás ha sido la tergiversación de la verdad divina. En el Edén, la primera mentira quedó grabada para la historia: “No moriréis” (Gn. 3:4). Este engaño no solo negaba la palabra clara de Dios, sino que sembraba en la humanidad la idea de autonomía absoluta, de independencia frente al Creador, de “ser como Dios” (Gn. 3:5).
Elena de White lo explica con claridad:
“Satanás hizo creer a la santa pareja que ellos se beneficiarían si violaban la ley de Dios… Satanás aseveró haber recibido grandes beneficios por haber comido del fruto prohibido, pero nunca dejó ver que por la transgresión había sido desechado del cielo…. La serpiente tomó del fruto del árbol prohibido y lo puso en las manos vacilantes de Eva. Entonces le recordó sus propias palabras referentes a que Dios les había prohibido tocarlo, so pena de muerte. Le manifestó que no recibiría más daño de comer el fruto que de tocarlo. No experimentando ningún mal resultado por lo que había hecho, Eva se atrevió a más. Vio “que el árbol era bueno para comer, agradable a los ojos y deseable para alcanzar la sabiduría, tomó de su fruto y comió”. (PP 34, 35)
La misma tentación persiste hoy en los discursos de progreso y libertad que rechazan la autoridad de Dios. Lo que se presenta como emancipación es, en realidad, degradación y muerte.
𝟮. 𝗟𝗮 𝘁𝗿𝗮𝗻𝘀𝗴𝗿𝗲𝘀𝗶ó𝗻 𝘆 𝗲𝗹 𝗮𝘂𝘁𝗼𝗲𝗻𝗴𝗮ñ𝗼
Eva, al extender su mano hacia el fruto prohibido, no solo dudó de la palabra de Dios, sino que confió en la astucia de la serpiente (fue engañada) y codició el fruto. El proceso de su engaño refleja la dinámica universal del
pecado:

Primero: la duda sembrada (“¿Conque Dios os ha dicho…?” Gn. 3:1).

Segundo: la contradicción directa de la verdad (“No moriréis” Gn. 3:4).

Tercero: la seducción del ego (“seréis como Dios” Gn. 3:5).

Cuarto: la acción pecaminosa nacida del mal concebido en el corazón (codicia) (“tomó de su fruto y comió” Gn. 3:6).
Así también Adán, que por amor humano escogió deliberadamente desobedecer, creyó que sobreviviría al mandato divino. Pero pronto descubrieron que lo prometido como ascenso fue en realidad degradación:

“
Después de su transgresión, Adán se imaginó al principio que entraba en un plano superior de existencia. Pero pronto la idea de su pecado lo llenó de terror… El amor y la paz desaparecieron, y en su lugar sintieron el remordimiento del pecado” (PP 36.2–36.3).

“
En el caso de Adán, no fue el valor del fruto del que participó lo que hizo tan grave su pecado, sino el apartarse de los requisitos de Dios, el no resistir la prueba. Fue encontrado del lado de Satanás cuando debería haber estado totalmente del lado del Señor y del Cielo. El pecado de Adán y Eva consistió en su desobediencia al mandato expreso de Dios”. PH043 16.2
𝟯. 𝗟𝗮 𝗽é𝗿𝗱𝗶𝗱𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗿𝗲𝗹𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗰𝗼𝗻 𝗗𝗶𝗼𝘀: 𝗹𝗮 𝗺𝘂𝗲𝗿𝘁𝗲 𝗲𝘀𝗽𝗶𝗿𝗶𝘁𝘂𝗮𝗹
El castigo anunciado por Dios —“el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Gn. 2:17)— se cumplió en el sentido más profundo: la separación inmediata de Dios. A Adán se le comunicó: “su naturaleza se había depravado por el pecado, que había disminuido su poder para resistir al mal, y que habían abierto la puerta para que Satanás tuviera más fácil acceso a ellos”

𝙈𝙪𝙚𝙧𝙩𝙚 𝙚𝙨𝙥𝙞𝙧𝙞𝙩𝙪𝙖l: el amor y la confianza que unían a la pareja con su Creador se transformaron en miedo, culpa y huida. “Ahora huyeron aterrorizados, y se escondieron en el lugar más apartado del huerto” (PP 37.1).

"
Cayó bajo la prueba más pequeña que el Señor pudo idear para probar su obediencia; y las compuertas de la aflicción se abrieron sobre nuestro mundo. Estaba dotado de una naturaleza santa, sin pecado, pura, sin mancha; pero cayó porque escuchó las sugerencias del enemigo; y su posteridad se volvió depravada. Por la desobediencia de un hombre, muchos fueron hechos pecadores". 13LtMs, Ms 20, 1898, párr. 3 EGW

𝘼𝙡𝙞𝙚𝙣𝙖𝙘𝙞ó𝙣 𝙧𝙚𝙡𝙖𝙘𝙞𝙤𝙣𝙖𝙡: Adán culpó a Eva y, en última instancia, a Dios mismo (Gn. 3:12; PP 37.2).

"
Hasta el tiempo de la rebelión del hombre contra el gobierno de Dios, había habido libre comunión entre Dios y el hombre. El cielo y la tierra habían estado conectados por un camino que al Señor le encantaba recorrer. Pero el pecado de Adán y Eva separó la tierra del cielo. La maldición del pecado estaba sobre la raza humana y era tan ofensiva para Dios que el hombre no podía tener comunión con su Hacedor, por mucho que la deseara". ST 31 de julio de 1884, párr. 8

"
El pecado de Adán cortó toda relación entre el cielo y la tierra... Pero la transgresión de la ley de Dios interrumpió este camino y el hombre quedó separado de Dios." 4LtMs, Ms 13, 1884, párr. 48

𝙀𝙣𝙚𝙢𝙞𝙨𝙩𝙖𝙙 𝙞𝙣𝙩𝙚𝙧𝙞𝙤𝙧: la voluntad, antes armónica con la de Dios, se convirtió en rebelde. Como dice White:

"
Cuando el hombre pecó, todo el cielo se llenó de tristeza; porque al ceder a la tentación, el hombre se convirtió en enemigo de Dios, participante de la naturaleza satánica. La imagen de Dios en la que había sido creado quedó estropeada y distorsionada. El carácter del hombre no estaba en armonía con el carácter de Dios; porque por el pecado el hombre se hizo carnal, y el corazón carnal es enemistad contra Dios, no está sujeto a la ley de Dios, ni tampoco puede estarlo". ST 15 de diciembre de 1914, párr. 6

“
Por la desobediencia se pervirtieron las facultades del ser humano, y el egoísmo reemplazó al amor. Su naturaleza se debilitó de tal manera, que le resultó imposible resistir al poder del mal...” — 1MCP 212.1

"
En la transgresión, Adán llegó a ser una ley para sí mismo. Por la desobediencia fue puesto bajo servidumbre, y de esa manera entró en los seres humanos un elemento discordante, nacido del egoísmo. Ya no armonizaba su voluntad con la voluntad de Dios. Adán se había unido con las fuerzas desleales, y la voluntad propia empezó una campaña contra Dios". SSJ 48.2

“
Por naturaleza estamos enemistados con Dios. El Espíritu Santo describe nuestra condición en palabras como éstas: ‘muertos en las transgresiones y los pecados,’ ‘la cabeza toda está ya enferma, el corazón todo desfallecido,’ ‘no queda ya en él cosa sana.’ Estamos enredados fuertemente en los lazos de Satanás; ‘por el cual han sido apresados, para hacer su voluntad.’ FV 89.1 – FV 89.2

"
Toda la familia humana ha transgredido la ley de Dios y, como transgresores de la ley, los hombres están arruinados sin esperanza, pues son enemigos de Dios, sin vigor para hacer nada bueno. “La mente carnal es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede”. Romanos 8:7. Mirándose en el espejo moral—la santa ley de Dios—el hombre se ve a sí mismo como pecador y está convencido de su mala condición, de su condenación sin esperanza bajo el justo castigo de la ley". 1MS 377.2
Esta ruptura de la relación con Dios constituye la raíz de toda la depravación posterior. El egoísmo ocupó el lugar del amor, convirtiéndose en el principio esencial de la naturaleza humana caída.

“
El hombre fue separado de Dios por la transgresión de su mandato expresado, a pesar de haberle hecho saber a Adán las consecuencias de tal transgresión. El pecado de Adán provocó un estado de cosas deplorable. Satanás ahora tendría control ilimitado sobre la raza, a menos que un ser más poderoso que Satanás antes de su caída saliera al campo, lo conquistara y rescatara al hombre”. 2Red. 14.
𝟰. 𝗟𝗮 𝗽é𝗿𝗱𝗶𝗱𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗶𝗻𝗺𝗼𝗿𝘁𝗮𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝘆 𝗹𝗮 𝗵𝗲𝗿𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗽𝗲𝗰𝗮𝗱𝗼:
El decreto divino se cumplió: la inmortalidad estaba condicionada a la obediencia. La transgresión trajo la condena de muerte (Gn. 3:19; Ro. 6:23).

“
La advertencia hecha a nuestros primeros padres… significaba que ese día sería dictada la irrevocable sentencia. La inmortalidad les había sido prometida bajo condición de obediencia; pero mediante la transgresión perderían su derecho a la vida eterna” (PP 39.3).

"
El pecado de Adán y Eva les hizo perder el Edén. En la transgresión del padre de nuestra raza se revela la justicia de Dios. El Hijo de Dios intervino y prometió su propia vida como castigo por la transgresión, para que el hombre tuviera otra prueba". 13LtMs, Ms 143, 1898, párr. 28
Desde entonces, la humanidad vive bajo la sentencia de muerte. Hablaremos de esto en otro artículo.
𝟱. 𝗖𝗼𝗻𝘀𝗲𝗰𝘂𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝘂𝗻𝗶𝘃𝗲𝗿𝘀𝗮𝗹𝗲𝘀

“P
ero somos pecadores por naturaleza y tenemos una obra que hacer para limpiar el templo del alma de toda contaminación…”. RH 27 de mayo de 1884, párr. 11
La primera mentira abrió la puerta a una cadena de consecuencias que afectan a toda la familia humana:
1)

Depravación moral: el corazón humano se volvió “frío, oscuro y carente de amor” (MB 21.3).
2)

Incapacidad espiritual: “Por naturaleza estamos enemistados con Dios… muertos en las transgresiones y pecados” (Ef. 2:1; FV 89.1).

“
Por naturaleza somos egoístas y tercos… incapaces de seguir una conducta correcta” (1MCP 273.1; 2MCP 89).
A fin de comprender correctamente esta cuestión, debemos recordar que nuestros corazones son depravados por naturaleza, y que somos incapaces, por nosotros mismos, de seguir una conducta correcta.— 2MCP89 824.3
3)

Subyugación satánica: el hombre caído se convirtió en “participante de la naturaleza satánica” (ST 15/12/1914).
4)

Aflicción: “
Cayó bajo la prueba más pequeña… y las compuertas de la aflicción se abrieron sobre nuestro mundo” (13LtMs, Ms 20, 1898).
𝟲. 𝗖𝗿𝗶𝘀𝘁𝗼, 𝗲𝗹 𝗿𝗲𝘃𝗲𝗿𝘀𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗶𝗿𝗮
El engaño de Satanás proclamaba: “No moriréis”. Pero la verdad divina se mantiene firme: “La paga del pecado es muerte” (Ro. 6:23). La única salida es la
gracia: “Mas la dádiva de Dios es vida eterna en
Cristo Jesús Señor nuestro”.

Donde Adán desobedeció, Cristo obedeció: “Así como por esa transgresión muchos fueron hechos pecadores, así por la obediencia de Uno, muchos son hechos justos” (Ro. 5:19; BLJ 47.2).

"
Tan pronto como Satanás sedujo al hombre a la desobediencia de la santa ley de Dios, todo vínculo que unía la tierra con el cielo y el hombre con el Dios infinito pareció roto. El hombre podría mirar al cielo, pero ¿cómo podría alcanzarlo? ¡Pero alegría para el mundo! El Hijo de Dios, el Sin pecado, el Perfecto en obediencia, se convierte en el canal a través del cual se puede renovar la comunión perdida, el camino a través del cual se puede recuperar el paraíso perdido. Por medio de Cristo, sustituto y garantía del hombre, el hombre puede guardar los mandamientos de Dios. Puede volver a su lealtad y Dios lo aceptará". 4LtMs, Ms 13, 1884, párr. 49

"
Es por gracia que el pecador es salvo, siendo justificado gratuitamente por la sangre de Cristo. Pero Cristo no murió para salvar al pecador en sus pecados. El mundo entero está condenado como culpable ante Dios, porque son transgresores de su santa ley; y ciertamente perecerán a menos que se arrepientan, se aparten de su desobediencia y, mediante la fe en Cristo, reclamen los méritos de su preciosa sangre. El pecado de Adán y Eva hizo perder el santo Edén para ellos y su posteridad, y aquellos que continúan viviendo en la transgresión de la ley de Dios nunca recuperarán el paraíso perdido. Pero mediante la gracia de Cristo el hombre puede rendir una obediencia aceptable y obtener un hogar en el hermoso Edén restaurado". ST 29 de julio de 1886, párr. 3
La restauración de la humanidad solo es posible en Cristo, el Verdadero Adán, quien deshace la mentira del Edén al ofrecer
vida abundante y eterna (Jn. 10:10).
𝗖𝗼𝗻𝗰𝗹𝘂𝘀𝗶ó𝗻: 𝗟𝗮 𝗵𝗲𝗿𝗶𝗱𝗮 𝘆 𝗹𝗮 𝗲𝘀𝗽𝗲𝗿𝗮𝗻𝘇𝗮.

La primera mentira del Edén no fue un episodio aislado, sino la semilla de toda la rebelión humana. Su fruto fue la alienación de Dios, el dominio del egoísmo, la esclavitud al pecado y la condenación a muerte.

Lo que nos hace hoy partícipes de esa tragedia no es solo que Adán pecó, sino que compartimos su misma naturaleza depravada. Por eso, ser humano en estado caído significa ser pecador por naturaleza y condenado a muerte sin Cristo.

Pero la esperanza brilla en el contraste: donde la mentira introdujo muerte, la verdad en Cristo trae vida. Así, la antropología bíblica no se entiende sin la cristología: el hombre solo puede recuperar su humanidad plena en unión con el
Segundo Adán.
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